sábado, 2 de junio de 2007

Antonio Tello

Odiseo

Escribo.
Anudo palabras para conjurar el olvido.
El mar. El olvido es el mar,
la líquida circunstancia del tiempo,
y la memoria, esa borra de luz que dejan los días,
acaso una isla. Ítaca, por ejemplo.

Navego a Ítaca.
Atado al mástil atravieso el laberinto
de voces que brillan y mudan de sentido.

Odiseo bajo las estrellas.
Extraño del mundo, su grito crece a la deriva:
¿Dónde está Ítaca?
¿Dónde está la tierra que me nombra?
¿Dónde esta la palabra que habito?

Escribo.
Con un hilo de voz coso
la trama que me sustenta:

Odiseo enamorado de las sirenas
y, sin embargo, sujeto
al índice al cual se anudan las palabras,
a su nombre, al tiempo,
tejido y destejido a la distancia.
En Ítaca...[escribo].

soy acaso ese poeta
emisario del silencio
en retorno a su patria
recuerdo espejismo
acaso ese ciego que navega entre islas de conciencia
extranjero de la luz
sujeto al mástil de su propio sueño
que surca las tinieblas la tempestad
el canto de las serpientes que copulan con los dioses
el olvido

oh poema qué derrota es ésta
dónde está la carta de palabras
el mapa de las estrellas
los signos de navegación de la memoria

detrás de qué horizonte está la voz que construye mi nombre
que ara mi tierra que habita mi casa

entre los ojos de los muertos que flotan en el vacío
naves del diluvio surcan el silencio

los sobrevivientes viajan a los confines
huyen o buscan la respuesta los aflige

atrás quedan hundidos en el cieno los cadáveres
de sus parientes las víctimas de lo inaudible

también ellos lo son han perdido sus rostros
y sus cuerpos la facultad de pronunciar las heridas

a tientas navegan entre fonemas sin sentido
pues nada les queda sino la angustia de seguir

de seguir acaso atraídos por esa cifra sin nombre
ese alfabeto no humano que anida en el origen

la marea va y viene olvidada de sí y una
bandada de palabras vuela a otra parte

otras se lanzan y se lanzan sobre las aguas
y se elevan con peces en los picos chillan

ocultos por una niebla de escamas los
ángeles les disputan los restos hay furia

y la furia deja en la arena profecías del presente
que leo en vano los huesos del alfabeto se deshacen

tan
aún solo
espora de sueño
en el aire
aún
la bestia ruge
en el laberinto deseo
ovilla la ausencia
con un hilo de voz
atrás el mundo tan solo
el sentido
tan lejos
la espada
tan lejos lejos
la herida tan honda aún
nudo de tiempo
nada digo tan solo
nada digo
solo solo
nota al borde del mar
tan ancho
tan infinito
tan infinito
tan
aún
ave aún
sueño aún
aún

1 comentario:

Antonio Tello dijo...

Muchas gracias por la inclusión de este poema.